Por el Bienestar y la Integración

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Como seleccionar las actividades para desarrollar en una sesión

A la hora de enfrentarnos al diseño de una sesión, hemos de tener en cuenta el colectivo con el que vamos a trabajar (mayores validos o no, niños, discapacitados…), el espacio en el que se va a llevar a cabo la sesión (abierto, cerrado, aire libre o sala), los recursos con los que contamos (tanto nuestros como del centro) y evidentemente las características del perro y el estado en el que se encuentra (anímico, de salud, incluso por la edad).

Las actividades habrá que elegirlas para cubrir los objetivos planteados para esa sesión y siempre con una batería de actividades de refuerzo para esos momentos en los que el perro pueda cansarse y/o el grupo no se ajusta a lo exigido por el director del grupo.

 

No podemos pedirle al perro que esté trabajando y activo durante toda la sesión, cuya duración oscilará habitualmente entre una hora y hora y media. Por lo que habrá que diseñar actividades con distintos grados de participación del perro, e incluso en las que el perro no participe directamente, para poder intercalar unas actividades con otras, dejándole así tiempo de descanso al animal durante la sesión. De este modo, si nos planteamos entre 3 y 5 actividades por sesión, en función del grupo de trabajo y las características de sus miembros, deberemos intercalar actividades en las que el perro trabaje directamente (por ejemplo, las secuencias de ordenes), con otras que tenga una participación intermedia (intentar robar la pelota a un grupo de ancianos que se la lanzan entre ellos) y otras actividades en las que no participe (narrar historias sobre un tema determinado en la que el perro sea el personaje). Así, no someteremos a un excesivo estrés al animal, al tiempo que mantendremos su papel motivador en las sesiones.